EL REGRESO DEL CABALLERO
Al entrar en la
sala, el caballero se quitó el yelmo y sus claros cabellos ostentaron durante
unos instantes un color platinado gracias a los rayos del sol que entraban por
el ventanal que se encontraba a su izquierda. El joven muchacho llamó a una doncella con el
objetivo de que se llevase su armadura para bruñirla y le proporcionara unas
ropas para poder emperejilarse, lo único que pidió fue que no se llevara un
saco del que nunca se separaba. Cuando se miró
los rasguños y cicatrices que tenía por todo el cuerpo, le vinieron a la
cabeza las torvas imágenes de los enfrentamientos que había superado.
Tras vestirse y coger el pequeño saco, salió de la sala a toda prisa. Al llegar a la puerta del dormitorio se detuvo, contuvo la respiración, resopló y, con el corazón en un puño, la abrió. Allí seguían sentados los reyes frente a la gran cama. Estos, al verle, se levantaron y lo miraron absortos, el caballero se prosternó ante ellos y, sin bajar la mirada, abrió el saco y de él extrajo un objeto extraordinario, era un ebúrneo colmillo. Acto seguido, el rey, cauteloso se hizo con él y mientras lo contemplaba, hizo llamar al mago para poner en marcha el hechizo de la transmigración y, así, poder despertar a la princesa que se encontraba dormida en la cama desde hacía ya cinco años.
Autor: Rodrigo Durán Marín (4ºA)
Tras vestirse y coger el pequeño saco, salió de la sala a toda prisa. Al llegar a la puerta del dormitorio se detuvo, contuvo la respiración, resopló y, con el corazón en un puño, la abrió. Allí seguían sentados los reyes frente a la gran cama. Estos, al verle, se levantaron y lo miraron absortos, el caballero se prosternó ante ellos y, sin bajar la mirada, abrió el saco y de él extrajo un objeto extraordinario, era un ebúrneo colmillo. Acto seguido, el rey, cauteloso se hizo con él y mientras lo contemplaba, hizo llamar al mago para poner en marcha el hechizo de la transmigración y, así, poder despertar a la princesa que se encontraba dormida en la cama desde hacía ya cinco años.

Hola Rodrigo:
ResponderEliminarQuiero felicitarte por lo bien que escribes. Te invito a que continues escribiendo puesto que lo haces muy bien. Te animo a que sigas publicando y que sigas trabajando fuerte en la clase del profesor Eugenio.
Un abrazo desde Provo.
José Hernández